¿Sabes respirar?
A través de la respiración consciente podemos lograr numerosos beneficios de salud física, mental y
emocional. Te nombro un ejemplo con cada uno de ellos:
1.Salud Física: si respiramos de manera diafragmática logramos que entre más oxígeno en sangre, lo que ayuda a la recuperación del organismo, y generamos mayores niveles de hormonas de la felicidad y el placer (serotonina y dopamina). Además la respiración diafragmática es más extensa y profunda por lo que le mandamos al cerebro el mensaje de calma y tranquilidad, de que todo está
bien, que no existe ningún peligro. En contraposición a la respiración torácica que realizamos cuando vamos con las prisas y el estrés del día a día.
2.Salud Emocional: cuando sentimos emociones de alta intensidad o adversas, por ejemplo, estrés, ansiedad, aversión, miedo o rabia, podemos utilizar la respiración consciente o diafragmática como un recurso de regulación para reducir la intensidad de la emoción. Esto nos ayuda a dar respuestas más adaptativas, eligiendo la mejor forma de responder sin dejarnos llevar por las reacciones automáticas e impulsivas. SEguro que recuerdas el dicho: “Respira y cuenta hasta 10”
3.Salud mental: Cuando las personas nos enredamos de manera sistemática en pensamientos que no cesan, y estos son fuente de estrés y ansiedad, necesitamos pararlos utilizando un ancla que nos sitúe en el presente. No existe mejor anclaje que tu propia respiración. Te ayuda a pensar y enfocarte en ella, esto unido a una relajación, visualización o meditación, puede ser un recurso muy valioso para reducir la actividad mental recurrente. Desde la Psicología Positiva, ciencia que estudia el Bienestar y la Felicidad del ser humano, se ha demostrado que la capacidad de las personas en desarrollar la Atención Plena nos ayuda a mejorar muchas otras competencias que hoy día son muy valoradas en el ámbito profesional, y por supuesto en el personal.
Aprender a darnos aquello que nos hace sentir bien, y entrenar hábitos de vida saludables que nos conectan con emociones positivas.
Es el caso del autoconocimiento y manejo propio, el autocontrol y regulación emocional, y el autocuidado y bienestar. Porque no necesariamente hay que estar enfermos para aprender a cuidarnos. Sino todo lo contrario, mejor aprender a darnos aquello que nos hace sentir bien, y entrenar
hábitos de vida saludables que nos conectan con emociones positivas.
¿Eres consciente de cómo respiras?
Seguramente no. A lo largo del día nuestra respiración va marcando la forma en la que nos sentimos y apenas nos damos cuenta. Existen diferentes técnicas para gestionar nuestro estado del bienestar emocional en función de tres tipos de enfoque: fisiológico, cognitivo y conductual. Dentro del enfoque fisiológico en esta ocasión nos centramos en la importancia de la respiración diafragmática y sus
variaciones.
Se ha comprobado y estudiado que respirar es mucho más que llevar oxígeno a los pulmones y eliminar dióxido de carbono. Se trata de un proceso de suma importancia en la regulación fisiológica y metabólica del organismo. La respiración es nuestra primera fuente de energía. Podemos estar varios días sin comer, beber o dormir, pero no sin respirar. Aunque pensemos que el hecho de respirar se realiza de forma inconsciente y automática, en realidad es el único proceso vital que podemos manipular o modificar a voluntad.
La calidad de nuestro aire va a depender del ritmo de nuestra respiración. Al ser capaces de alterar este ritmo, también estaremos alterando la composición de la sangre, ya que al llevar ésta mayor o menor cantidad de oxígeno al cerebro, estaremos propiciando diferentes reacciones físicas y psíquicas.
Actualmente vivimos con altos niveles de estrés y ansiedad como parte de nuestra vida y esto genera unos patrones alterados de respiración, gran activación y desgaste del organismo. Si estamos nerviosos nuestro ritmo de respiración se acelera una media de 15 respiraciones por minuto, lo que hace
que aumenten nuestros niveles de dióxido de carbono, que activa nuestro sistema simpático y nuestra respuesta de estrés. Con ello se aumenta también el ritmo de nuestra frecuencia cardíaca y la presión
arterial, provocando que la sangre se desplace hacia las piernas para dar respuesta el modo escape/huida de nuestro cerebro primitivo. De esta manera nuestro cerebro y resto de órganos vitales reciben menos riego sanguíneo, disminuyen los nutrientes celulares que provocan su inflamación y puede desembocar en enfermedades.
Cuando aprendemos a modificar la respiración diafragmática conseguimos salir del modo escape/huida y trasladarnos al modo relajación. Con la respiración diafragmática o abdominal
podemos revertir esta situación en tan solo tres minutos. Si conseguimos bajar a cinco respiraciones por minuto vamos a conseguir activar el sistema parasimpático, disminuimos la necesidad de oxigenación,
por lo que nuestra sangre se vuelve menos ácida y se activa el modo parasimpático / relajante de nuestro organismo, saliendo del modo escape/huida.
El nervio vago (craneal) se reactiva y favorece el crecimiento orgánico, haciendo que se reabsorban las hormonas del estrés tales como la adrenalina y cortisol y se liberan otras sustancias como las endorfinas, dopamina, oxitócica o serotonina. Con la respiración diafragmática el sistema
nervioso entérico que se le conoce como el segundo cerebro, ordena a tus hormonas estomacales a que produzcan benzodiacepinas endógenas que inducen al sueño y descontracturan los músculos.
Ventajas de la respiración abdominal
Corregimos la acidificación de la sangre: La respiración abdominal nos devuelve los niveles normales de CO2 en sangre y nos ayuda a eliminar la ansiedad, evitando los mareos, nerviosismo y otros síndromes neurológicos.
Estiramos la columna: La respiración abdominal nos permite extender las vértebras de modo que prevenimos protusiones y agarrotamientos de los discos.
Pautamos el ritmo respiratorio: La respiración abdominal nos ayuda a respirar con más lentitud y por
tanto a relajarnos y tomar consciencia de lo que hacemos al concentrarnos en ello, dejando de lado todo tipo de preocupaciones y ciclos obsesivos que nos generen estrés.
Mantenemos la elasticidad pulmonar: La respiración abdominal es un buen ejercicio para mantener los
pulmones elásticos y tonificados, evitando la atrofia propia de la edad.
Aprovechamos mejor la capacidad pulmonar: Al tirar el diafragma hacia abajo, los pulmones se expanden en profundidad alcanzando su volumen óptimo, con lo cual entra más oxígeno en el cuerpo, sin detrimento del CO2, lo que permite aportarlo a las células sin necesidad de aumentar ni la frecuencia cardíaca ni la respiratoria. Esto redunda a la larga en una mejor salud cardiovascular.
Fuente // Asne, Mayte Soriano, Umivale