IMagen de una zona de post guerra desolado, en ese mismo paisaje se aprecia una pobre planta luchando por sobrevivir.

Las Cicatrices Invisibles de las Guerras

por Jacqueline Struke
Imagen por Eficacia
Publicado hace 2 semanas

El Impacto Devastador de las Guerras en el Ecosistema y la Biodiversidad Global

Introducción: La víctima silenciosa de los conflictos

Cuando pensamos en las guerras, las imágenes que suelen venir a la mente son las de destrucción de ciudades, heridos y pérdida de vidas humanas. Sin embargo, existe una víctima cuyo sufrimiento a menudo pasa desapercibido, a pesar de que los daños que recibe pueden ser casi irreversibles: el medio ambiente. En tiempos de guerra, la naturaleza experimenta una degradación acelerada debido a que los sistemas de gestión del entorno colapsan y se llevan a cabo acciones deliberadas para debilitar al enemigo, como la quema de cosechas o la tala masiva de árboles. Esta «ofensiva contra la naturaleza» resulta en la contaminación del agua, el envenenamiento del suelo, la deforestación y la contaminación del aire, comprometiendo la salud de los ecosistemas y de las generaciones futuras.

La relación entre los recursos naturales y los conflictos es profunda y cíclica. Según el Programa de Medio Ambiente de la ONU, al menos el 40% de los conflictos mundiales están vinculados a la explotación de recursos naturales como el oro, el petróleo, la madera, el agua o la tierra fértil. Es alarmante observar que, en las últimas seis décadas, más de dos terceras partes de los principales puntos de biodiversidad del mundo han sido escenario de conflictos armados, lo que pone en riesgo extremo su conservación.

Un ejemplo histórico de este impacto se encuentra en la Guerra de Vietnam, donde se utilizó el agente naranja, un compuesto químico destinado a destruir vastas extensiones de selva para eliminar la cobertura del enemigo, provocando una destrucción forestal deliberada y masiva. De igual forma, en Irak, las tropas de Sadam Hussein drenaron las marismas de Mesopotamia —uno de los humedales más importantes de Oriente Próximo— reduciéndolas a menos del 10% de su extensión original y transformando un oasis de vida en un desierto de sal.

La contaminación persistente de los océanos y suelos

El efecto de las guerras no termina cuando callan las armas. Durante las dos Guerras Mundiales, se hundieron aproximadamente 1,6 millones de toneladas de municiones en los mares del Norte y Báltico para evitar su reutilización. Hoy en día, este armamento sumergido representa un peligro latente para los ecosistemas marinos, ya que libera compuestos tóxicos al agua. Aunque el Convenio de Oslo de 1972 prohibió estas prácticas, la cantidad exacta de armamento que yace en el fondo marino sigue siendo desconocida.

En tierra, las actividades de grupos armados y mafias agravan la situación. En Colombia, la extracción ilegal de oro y otros recursos por parte de las FARC ha provocado la contaminación por mercurio de ríos y tierras, afectando gravemente la cuenca del río Quito.

Conflictos actuales: Los casos de Gaza y Ucrania

Los conflictos contemporáneos siguen demostrando la vulnerabilidad del entorno natural. En Gaza, dos años de hostilidades han provocado la pérdida del 97% de los cultivos arbóreos y del 80% de los cultivos anuales. Además, los ecosistemas marinos y de agua dulce están saturados de aguas residuales sin tratar y contaminantes provenientes de las municiones, sumado a la presencia de más de 61 millones de toneladas de escombros que requieren ser retirados para evitar una mayor toxicidad.

Por otro lado, la guerra en Ucrania dejó una huella ecológica imborrable con la destrucción de la represa de Kakhovka en 2023. Este evento provocó la inundación de más de 600 km² de tierra, lo que resultó en una pérdida masiva de hábitats naturales y especies debido a la anegación prolongada de los ecosistemas.

Ecodiversidad y seguridad humana: Un vínculo inseparable

La degradación ambiental causada por la guerra no es solo un problema ecológico; es un motor de inseguridad humana. El daño a los recursos naturales empuja a las poblaciones hacia el hambre, las enfermedades y el desplazamiento forzado. En Sierra Leona, tras una década de conflicto, se reportó el «silencio» de los bosques primarios, la migración forzada de la fauna silvestre y el abandono total de campos agrícolas.

El cambio climático actúa como un multiplicador de estas tensiones, ya que la escasez de agua o tierras fértiles agravada por el clima puede generar nuevos conflictos. Ante este panorama, las Naciones Unidas han reconocido que mantener ecosistemas saludables y gestionar los recursos de forma sostenible es fundamental para la prevención de guerras y el mantenimiento de la paz.

Hacia un marco legal protector

A pesar de la gravedad del problema, aún no existe un tratado universal vinculante que proteja específicamente el medio ambiente durante los conflictos armados. No obstante, existen esfuerzos significativos, como los 27 principios preliminares adoptados por la Comisión de Derecho Internacional de la ONU en 2022. Estos principios buscan fortalecer la protección ambiental antes, durante y después de los conflictos, basándose en el derecho internacional ambiental y los derechos humanos. La comunidad internacional conmemora cada año el Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra para recordar que la paz verdadera no solo implica la ausencia de disparos, sino también la preservación del mundo natural que sustenta toda forma de vida.